el mar

Me preguntaban cómo era el mar. Yo les contaba que en boca de los pescadores, el mar es siempre mujer y se llama la mar. Que es salado y que cambia de color. Les contaba cómo las grandes olas vienen rodando con sus crestas blancas y se levantan y se estrellan contra las rocas y caen revolcándose en la arena. Les contaba de la bravura del mar, que no obedece a nadie más que a a la Luna, y les contaba que en el fondo guarda buques muertos y tesoros de piratas.

Eduardo Galeano

Vagamundo

por quién doblan las campanas

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, al igual que si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.

John Donne

(leído en Por quién doblan las campanas, E. Hemingway)