“no”

[…] cuando uno se atreve a decir <<no>> empieza a descubrir algunos aspectos desconocidos de sus amigos: la nuca, la espalda y todas esas otras partes que se ven cuando el otro se va.

Jorge Bucay

– Cuentos para pensar –

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el mar

Me preguntaban cómo era el mar. Yo les contaba que en boca de los pescadores, el mar es siempre mujer y se llama la mar. Que es salado y que cambia de color. Les contaba cómo las grandes olas vienen rodando con sus crestas blancas y se levantan y se estrellan contra las rocas y caen revolcándose en la arena. Les contaba de la bravura del mar, que no obedece a nadie más que a a la Luna, y les contaba que en el fondo guarda buques muertos y tesoros de piratas.

Eduardo Galeano

Vagamundo

no me dejes solo

Te lo decía siempre que te decía algo, siempre que te miraba, siempre que abría o cerraba los ojos, siempre que acercaba mis labios a los tuyos. Lo decía y así estaba escrito: No me dejes solo. Y tú parecías entender canciones en todos los bordes de la historia, en todos y cada uno de los ruidos que hace el mundo cuando gira. No me dejes solo. Y tú cantabas. No me dejes solo. Y tú reías. No me dejes solo. Y tú decías: <<nunca te voy a dejar solo>>.

Diego Álvarez Miguel

En tus manos ardió el bosque

por quién doblan las campanas

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, al igual que si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.

John Donne

(leído en Por quién doblan las campanas, E. Hemingway)